martes, 25 de mayo de 2010

Caminatas nocturnas

Esta noche quiero caminar, regresar a las calles conocidas. Quiero encontrarme con el joven de la chamarra de mezclilla, el de playera negra y tenis nike. El que vivía rodeado de amigos incondicionales; el que parecía tener respuesta para todo. 
Dónde buscarlo. En aquellos años bastaba con silbarle a todo pulmón - obviamente no había celulares, twitter o facebook - tal vez lo pueda encontrar en los lugares comunes: en las azoteas donde fumaba sin parar; en las fiestas callejeras de los sábados, reino de los sonideros; en los partidos de futbol americano de Ciudad Universitaria;  en las luchas de la Arena Revolución; en las funciones del cine Fausto Vega o en las tocadas de rock subterráneo del Lienzo charro de pantitlán.
Si acaso lo encuentro, me aseguraré de avisarle que el mundo no se acaba en el año dos mil; que The Cure sí vendrá al DF; que nadie murió en la campal de la calle cincuenta y cinco; que la migraña sí se cura; que desconfíe del que se dice su mejor amigo, y que no deje de ir a la boda de Karyna.
Tal vez así, cuando transcurran los años, no vivirá con fantasmas que le persigan noche tras noche, ni imaginando los posibles escenarios a partir de cada capítulo de su vida. Y si tiene suerte, no se sentirá tentado a caminar alguna noche queriendo encontrar un recuerdo, para vacunar sus aprensiones.

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Hacemos un trato?

¿Sabes? extraño los días en que me halagabas con aquel rico café. Siempre con la precisión exacta para mezclar perfectamente aroma, cuerpo y sabor. Y aunque sé que resulta complicado tener que satisfacer mis extrañas adicciones, espero que recapacites y  accedas a complacerme una vez más.

A cambio, prometo mantener lejos mis manías y hacer mi máximo esfuerzo para permanecer en total armonía, esa armonía que siempre es necesaria para poder aguantar la compañía de un sujeto que parece sacado de una novela de la generación del crack, devoto del rock, de un buen libro y  de escribir tonterías cada noche.

jueves, 20 de mayo de 2010

La llamada

El sufrimiento es parte de su personalidad, está absolutamente convencida de que mientras más enferma, mayor mérito hace para ganar el cielo. De nada le sirve ser tan bella, tener un cuerpo exquisito, digno para concurso. Tampoco le importa tener ese don para hacer el amor, no recuerdo otra mujer que goce y haga gozar tanto el sexo.

Así la conocí y así sigue. Por eso está sola. Tiene todo el día para reconocerse enferma, jodida, como ella dice. Últimamente me ha buscado, tiene deseos, pero al terminar, recita una serie de lamentaciones que contrastan con sus gemidos y gritos al llegar al orgasmo.

Por mi parte, sólo acompaño sus momentos eufóricos, en cuanto empieza a describir sus dolencias salgo corriendo, a veces sin terminar de ajustar mi cinturón. Esperando su próxima llamada.