lunes, 10 de enero de 2011

Regresa la calma

De nuevo en el silencio, tres días sin apenas pronunciar un sí, un no, o un "mjam". Había olvidado el por qué de aquella decisión de alquilar el departamento de Centauro.

Ver tras la ventana el bullicio de la colonia. Una señora lava su patio. El señor del microbús arregla, o al menos eso intenta, algo de su motor. Y en la esquina de la calle, un perro marca su territorio.

Tras las fiestas de fin de año regresa la calma. En casa, esperando el momento para entrar en acción, entrenando mentalmente operaciones matemáticas, encontrar el algoritmo para resolver multiplicaciones hasta el infinito. Fortaleciendo internamente a mi genio de la lámpara. Haciendo lo posible para evitar escribir de cosas que raspan. Identificando prioridades. Encontrarme con el mismo que he sido, si no es que ahora sea diferente, quizá más tolerante, más seguro, más prudente. Creo que ha tenido mejores resultados este encuentro que algunos anteriores. 

Si bien es cierto que de repente se extraña a ciertas compañías que por azares del destino compartieron horas con uno, el reinventarse es asunto de todos los días. Así se evita que la mente divague y que sea más duro el silencio.

En las mañanas mientras realizo mi hora de ejercicio -sí, por fin he regresado, cinco am puntual- me ha dado por recordar aquello de Horacio Guarany: "Ahora viene el silencio / ahora duermen los hombres / y quietas están sus manos / ahora desde el lejano cañadón de los misterios / viene el duende lento y serio del sueño y las esperanzas / ahora todo se alcanza / ahora el pueblo dormido / va subiendo al prometido atalaya del descanso / y ahora que el gesto es manso / y está el cuerpo relajado / del hombre que ha trabajado /guitarra súbeme...". Y yo, aprieto el paso. Al fin que la pista ya no se ve tan grande como hace una semana; que mis piernas ya no flaquean; que mis pulmones pueden oxigenar hasta mi cerebro de una inhalación; que logré dar las cuatro vueltas a paso firme, casi veloz. Como si al final de esta pista, de parque público, estuviera alguien, esperándome.

miércoles, 5 de enero de 2011

Soñar contigo

Anoche quise soñar contigo. Seguí todas las instrucciones que he encontrado a lo largo del tiempo, en diversos libros  y revistas, para misiones así: la respiración, el pensamiento, la postura en forma fetal; y sí resultó. Traté de no verte más de dos segundos para que no desaparecieras, así que pasaba mi vista de tu cara a mis manos.

Empezó como un viaje. Estábamos en la parte posterior de una camioneta con rumbo desconocido, aunque creo haber visto los volcanes: El Popo y El Iztla. Hablábamos de cosas divertidas, reíamos sin parar, hasta me dolía el estómago de tanto reir. Nunca vi quién manejaba. 

Después cambió el escenario. Estábamos en una especie de escuela, tú buscabas tu salón y yo te acompañaba. Creo que también estudiaba ahí porque traía cuadernos en la mano. Y como siempre estaba tratando de volarme alguna clase y de convencerte de que lo hicieras también. No lo logré. Encontramos tu salón en el primer piso y entraste. ¡Qué raro!, tus compañeros de clase era gente que aunque los dos conocemos, difícilmente serían de tu generación, vaya ni siquiera de la mía. Entonces me senté frente a  la puerta de tu salón, tal vez pensaba esperar a que terminara tu clase y salieras. Mis pies quedaron colgando pues me encontraba en una especie de techo. Abajo en el patio, una chica cuyo rostro me es muy conocido me tomaba fotografías. Yo me sentía muy halagado y posaba para la foto. Hasta que me di cuenta de que toda la costura de mi pantalón estaba rota y por la forma en que estaba sentado, ella me miraba hasta el acta de nacimiento. Tenía todo de fuera. Reparé en su risa burlona, estaba tomando fotos de lo más íntimo y gritaba que las publicaría en facebook.

Me levanté rapidísimo y bajé las escaleras para encontrarla y borrarle las fotos, pero el patio se convirtió en un mercado. Había más gente que en las tiendas de juguetes en día de reyes. Jamás la ubiqué, mas al revisar tras una puerta, encontré una cabeza humana. Era un hombre, ya no sangraba y parecía haber sido cortada con demasiado cuidado. Me miraba fijamente. Se veía muy fresca.

Preferí despertar, ya no tenía control del sueño, sabía que no volverías a estar en él.

Bajé de inmediato por mi lap y revisé el facebook, nada fuera de lo común. Me acosté en mi sillón y me dispuse a dormir, bloqueando cualquier indicio de ensueños.

domingo, 2 de enero de 2011

El dilema

¡Diablos!, anoche tenía una gran historia que contar. Pero ahora sólo me salen palabras huecas que no causan mayor efecto cuando las leo. He preferido borrar y borrar cada renglón sin sentido.

Acaso quería escribir de la complejidad de las relaciones de dos mentalidades que se adhieren, que se usufructúan: ¿Qué opinión guardo de ti? ¿Qué opinión guardo de mí? o más difícil: ¿Qué opinión guardo de mí, respecto de ti? Sin embargo, estoy empezando a contar la historia de un Dios que quiso sentirse humano:

Amaba tanto a los humanos que vivió con ellos, a su estilo y dejó su vida de Dios. Conoció del odio; del rencor; de la envidia; de los celos; de la traición; de la pobreza; de la desesperanza; de la mentira; de la sospecha; de la enfermedad; en fin, que estuvo a punto de conocer la muerte. Los Dioses saben que la muerte sólo existe para los humanos, que la vida es eterna. Y ese fue el golpe que lo sacudió, el extremo que necesitó para recordar que él era Dios, causa única para sí. Y recordó que podía tenerlo todo, que podía cumplir todos sus buenos deseos. 

Entonces se despidió de los humanos, no dejaba de amarlos, pero ahora se amaba más a sí mismo.Y recuperó su esencia. Y dejó de luchar contra su propia naturaleza. Y recibió lo que por derecho le corresponde. Y se decía a cada hora que si una sola de las personas que tanto amaba había aprendido un poco del mensaje que él transmitía, el paso por tremendo infierno habría valido la pena.

Ahora, después de haber confesado que originalmente quería escribir de algo tan distinto, me pregunto: esto lo debo ¿publicar o no publicar? eh ahí el dilema.