martes, 25 de octubre de 2011

Hay cientos de formas de demostrar lo poco que te importa alguien. Unas son peores que otras. ¿Para qué elegir las peores?.
El problema es que uno no puede hacerse pendejo y fingir que no pasa nada. El problema es que uno sabe que lo que pasa una vez, vuelve a pasar cientos de veces.  Y el principal problema es que uno sabe que no está dispuesto, ni en condiciones de pasar por eso más de una vez. 

Entonces, la ecuación, aunque compleja, tiene la solución en sí misma. 

sábado, 22 de octubre de 2011

Sin palabras

Si volteas la vista y encuentras que mis ojos te miran, no te sorprenda, es que los instantes se vuelven eternos cuando hay un encuentro de semejantes proporciones. Y son segundos que se alargan, como en un espacio vacio, como un pequeño silencio en un mundo sin gente. Al tiempo no le importa si los segundos se espabilan y se vuelven horas. No lleva prisa, porque a nadie se debe. Al contrario de mi prisa por que este día llegara.

Si me dicen que ahora escribo bobadas, lo suscribo. Es que el cristal con que me asomaba a la ventana lo he cambiado, tal vez mejoró la luz y la claridad, y mis vistas sean mejores desde que, al otro lado, está una mirada que habla con la mía. Sin palabras, sin alzar la voz, la que inventa discursos que no hay necesidad de decir, porque los dos entendemos.




sábado, 15 de octubre de 2011

Frutas amargas

He abandonado hasta mis vicios. No soy la clase de persona que se queda en un sitio para formar historia. Soy, más bien, de los que llegan, arden y se van. Arder significa ver, percibir que no hay lo necesario para una permanencia, si no eterna, por lo menos larga.

Dejo rastros para no perderme, dejo huellas que me señalen los pasos a retroceder, los pasos a dar para volver. Y dejo rastros que no se evaporen para recordar que no debo dar vueltas sin fin. Para indicar que aquellas son tierras conocidas y sin sentido.

Así, los senderos que se han abierto bajo mis pasos van siendo recorridos por otras mentalidades que están, también, en la búsqueda de algo. Y acaso algunos han encontrado lo que yo no fui sensible para observar. Por supuesto que hay quienes son más avispados y detectan, en los huecos sumidos en lo profundo, las respuestas a sus cuestionamientos.

Los encuentros ocurren así, desprovistos de razón. A veces uno tiene el tiempo de esperar y nada acude a nuestra convocatoria, en otras, las respuestas caen como relámpagos que incendian nuestras dudas, nuestros miedos, nuestras impaciencias.

A mí me gusta pensar que un día se borrarán las páginas escritas por las frutas amargas y ácidas; y quedarán sólo hojas nuevas para escribir los capítulos memorables de este sueño.