miércoles, 11 de septiembre de 2013

Que sabe a manzana

El sabor de un lejano recuerdo me amarga la boca. Se apropia de mi lengua y de mi garganta. Inútilmente pretendo expulsarlo usando un enjuague bucal que sabe a manzana.

Me mareo cada vez que los bloques de recuerdos encuentran el sitio de donde fueron extraídos, extirpados con una cirugía fina en manos de un inexperto doctor de barrio. Suenan las alarmas, los ojos se borran, los latidos le recuerdan al corazón que la sangre debe circular y éste obedece, manso, dócil. Las nubes bajaron del cielo y se alojaron en mis pupilas. La casa —esta casa de siempre— se mueve a cada abrir y cerrar de ojos. Intenta confundirme entre sus pasillos sin puertas.

Es una mañana sin espejos. Las palabras se construyen como un rompecabezas incompleto que rematan en una tienda en bancarrota. Cómo saliste de ahí, cómo escapaste, me pregunto mientras se integra mi noción de tiempo y de espacio. Debieras volver a tu nada original, a donde no dañas. Eres como una falta ortográfica, como un borrón en un examen. Como una marca en la nariz de un adolescente. 

Esta vez ni tus nalgas podrán salvarte. Te expulso, te veto. Te niego en la negación de lo que nunca has sido. Pasarás otros tantos años en ese mundo que escondo bajo la piel de mis manos, en el mundo que obedece al pensamiento no deseado. 

lunes, 29 de abril de 2013

Empezar

Sólo he sido fiel a mi aversión por los amores añejos. El amor eterno dura lo que tarda en llegar el otro. El nuevo. El verdadero. El verdadero amor siempre es el siguiente.

A veces despertaba y desconocía a la tipa de a lado. Y entonces iniciaba el sistema de desagüe para que se perdiera en un remolino de agua y tierra. Que llegara lejos, tan lejos en el tiempo espacio, como para que fuera imposible conocernos. No es fácil volverte ajeno a quien compartió la cama por tantos días pero lo facilita el hecho de haber apartado un poco de ti para ti solo. Ser cauto y no obsequiar tu todo.

Si me preguntas qué es lo más difícil de empezar de nuevo después de cada adiós, te diría que el adiós. No tengo dudas de ello.



domingo, 14 de abril de 2013

Derrumbes ajenos

Me gusta contarme historias que me dictan mis sentidos. A veces dedico grandes lotes de tiempo a la conversación conmigo mismo. 

Supongo que eso me ha de hacer parecer ido o idiota, cuando la gente me habla y mi mayor atención está en la trama de la historia que justo me estoy contando y no hago caso. No es sencillo reexplicarme el mundo, por eso de pronto mis inflexiones son continuas.

A ella le cagaba que yo no hablara, sobre todo cuando quería escuchar mis palabras que siempre daban en el blanco, que le herían y le hacían sentir poco menos que nada. Pero uno no está todos los días dispuesto a pisotear al otro, a veces es necesario acabar con uno mismo, antes que seguir contemplando el derrumbe ajeno. Por eso prefirió la distancia. Escogió una ruta tan larga que se acercaba peligrosamente por el lado opuesto. Ruta circular.